Mis Cuentos
TIC-TOC TIC-TAC
Tarde gris. Algo aletea en el ambiente. Intriga. Zozobra. Las noticias abruman.
La familia reunida frente al televisor comenta:¿cómo es posible?, nunca en la historia sucedió algo así.
Cuántos cambios. Inédito. La incertidumbre en los rostros, los comentarios afligen. Los niños preguntan ¿y como sigue?.
No sabemos cómo sigue pero seguro no se derrumba.
Todo cambia pero hay una fuerza superior que sostiene.
No preocuparse; ocuparse. Con que él esté bien basta. Ahora la nueva elección.
Pasan las horas. Pasan los días.
El reloj marca los incontables tic-tac, tic-toc....
¿Y ahora?
¡Miren, miren! el humo ya se asoma!.
No, no se entusiasmen, aun no es humo blanco.
Linda tu obra, hermosa tu guía, tu impronta, tu entrega, tu renuncia. Te vamos a extrañar.
Que tarde se hace, cuanta gente reunida, allá tan lejos; aquí tan cerca.
Las palomas van y vienen, suben y bajan. Aleteos van, aleteos vienen.
¡Miren ese hombre ahí! quien es? miren sus harapos, pero qué firmeza, qué anuncios, qué presagios.
¿ Que esta pasando?
Tic -tac; tic-toc ...
No se angustien chicos, todo se arregla, todo tiene su tiempo bajo el sol.
Alcánzame el agua por favor, un sorbo me vendrá bien.
Esperen! Miren !se abren las ventanas; se asoma el humo blanco!
Es él! es nuestro nuevo guía!
Sale de nuevo el sol.
Esperanza, querida esperanza.
Sigamos,que aun hay tiempo.
Sigamos, que aun hay vida.
L.S
IVAN
Estaba Papaíto en sus tareas habituales (arreglo del jardín, el almuerzo para ella, su esposo y el de su nieto perruno como le gustaba llamarlo al perrito que su hija Pomponi había adoptado hacia muchos años en un refugio de animales y al que amaba entrañablemente, como si fuese su hijo) y con el pensamiento en cada uno de sus hijos a los que acompañaba o pretendía acompañar, en sus necesidades(lindas o feas, livianas o pesadas), si es que ellos así se lo pedían.
Papaíto era el apodo con que la llamaban sus mas íntimos desde su adolescencia, por tener las piernas largas como relata en la novela "Papaíto piernas largas" Jean Webster.
Pomponi, su hija menor, casada hacia poco tiempo, se encontraba atravesando duros momentos; descubriendo un mundo en el que también existía el lodo, que la traición vive a la vuelta de la casa de uno y que las mentiras rondan entre sus paredes.
Papaíto era una mujer muy creyente, no sólo por que se lo habían inculcado sino por que la vida misma se encargó de presentarle vivencias concretas, que evidenciaban la presencia de un Ser superior que orientaba su sentir y su vivir.
Y el dolor de su hija la partió en dos; pero no se podía doblegar . Ella conocía de grandes tormentas en su vida que la doblaron pero no habían logrado quebrarla. Ahora también debía mantenerse fuerte; si caía no podría ayudar.
Y entre rezos ,plegarias y quehaceres domésticos andaba cuando decidió dirigirse a su cuarto y se sentó frente a la computadora, a la que no ingresaba hacia bastante tiempo, con la intención de escribir a su hija.
Quería trasmitirle la fuerza y el aliento que estaba necesitando, decirle que la vida esta hecha de momentos, momentos concretos, precisos, de algarabías, de gozos pero también de tentaciones, de caídas, de dudas y que depende de cada uno decidir qué llaves tomar, qué puertas abrir, cuáles cerrar. O talvez abrir ventanas para ventilar ambientes, renovar el aire o permitir que ingrese un ventarrón.
Inmersa en esos pensamientos estaba cuando de pronto, un sudor frio le recorrió su cuerpo, la cara empalideció, los ojos miraban y no podían creer lo que veían. Ahí, enfrente suyo se presentó Iván.
Iván trayendo el pasado, tan inoportuno...o mas oportuno que nunca. ¡Justo! El mismo día de los acontecimientos y recordó que las casualidades no existen, sí en cambio, las causalidades. Por algo se presentaban, por algo estaban ahí.
Iván trayendo la retrospectiva, vivencias dolorosas de engaños en los momentos mas floridos de su juventud , justamente cuando nacía su amada Pomponi. Había entregado su vida y confiaba y creía que así como ella amaba era correspondida.
Y sin poder creerlo miraba a Iván de frente, desafiante. Estaba ahí, con la cara del engaño, de la mentira piadosa, pero Papaíto estaba ahora fuerte como un roble, firme como un soldado.
Al principio sintió rabia, zozobra pero pronto se transformaron en pena, en piedad. Piedad! sí, podía sentir piedad. Piedad por las ataduras, piedad por la ceguera, piedad por las caídas.
Y se maravilló de sentirla; le había costado tanto procesar sus sentimientos, había llorado tanto y ahora no quedaba nada; nada de rencores ni ego herido.
Y se preguntaba ¿Cómo puede el hombre perder el rumbo ante una quimera? y la respuesta que le llegaba era que la necedad del hombre le hace perder el rumbo, pero que si el error mata el amor lo convierte todo y que Iván volvió para mostrar la cara de la mentira, de la caída, del error, la fantasía.
Y agradeció. Agradeció por quedar en evidencia la otra cara de la moneda, la de la verdad fresca y pura. Y se dijo que cada uno elige sus caminos, los que les van a sus zapatos. Y se maravilló del "libre albedrio", de esa posibilidad de poder elegir y tomar decisiones.
Recordó entonces la frase "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan" y le pareció muy buena.
Así se lo trasmitiría a Pomponi para que ella rescate lo que le haga falta en esa situación similar que le tocó vivir.
Ivan volvió para traer el pasado al presente.
"Las mentiras tienen patas cortas" se decía ... pero Papaito tenia piernas largas...
IVAN... y van ...
L.S.
❤️❤️❤️❤️
ResponderEliminarGracias por estar.🙏😍
ResponderEliminarDesde siempre
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